NOTICIAS
EL VIEJO Y AUSENTE SOL Y TIERRA

Lunes 13 de mayo de 2013

Hay una y mil memorias en cada uno y mil objetos. Hay que convertir los objetos en sucesos. Hay un nuevo desafío, dicen los que saben, hurgando en la intimidad de la memoria: hay cultura. Así lo entienden quienes intentan recuperar parte de nuestra historia, la de los trenes y las estaciones del interior.

“¿Sabe cómo bautizamos nosotros a este trencito? El Sol y Tierra, así nomas, sin la lujuria de nombres como Cinta de Plata, Estrella del Norte y qué sé yo cuántos otros”, dice con un tono entre pícaro y nostalgioso Luis Pioletti (84), uno de los últimos jefes de estación en Macha, Ramal A, Ferrocarril Central Norte Argentino.

Ese tren unía Laguna Paiva, en Santa Fe, con Deán Funes, en Córdoba. En febrero se cumplieron 100 años desde su habilitación, que dio origen a numerosos pueblos a la vera de sus vías a lo largo del Camino Real y la pampa gringa santafesina.

El estudio de factibilidad del tren comenzó en 1906; las obras se iniciaron en 1908 y se fueron habilitando por tramos entre 1911 y 1913. Ese año se inauguró formalmente el ramal en toda la extensión, que partía de Laguna Paiva y llegaba a Deán Funes pasando por estaciones que tenían estos nombres: Las Mercedes, Cululu, Progreso, Sarmiento, Galisteo, Aldao, Colonia Eusebia, Colonia Seeber, Colonia Gorsch, Campo Duffy, Altos de Chipión, Jerónimo Cortés, Balnearia, Marull, La Para, La Puerta, Obispo Trejo, Cañada de Luque, Los Mistoles, Las Peñas y Macha.

Luego se agregarían más estaciones, apeaderos y empalmes (Villa Fontana, Chalacea, Tintitaco), otras cambiarían de nombre, y hasta se harían nudos y variantes para seguir mejorando el tráfico de la línea (como el intercambiador Cruz Mojada, variante La Puerta-Alta Córdoba, variante Villa Santa Rosa-Tránsito). Pero la base principal de dicho ramal sería aquella paralela de hierro habilitada en febrero de 1913, que desde el norte cordobés serpenteaba por los montes buscando una salida al mar.

“Así parece que existimos”

Pioletti nos guía hacia la vieja estación Macha. Mientras, va relatando. “Mi historia se puede contar junto a la historia de este tren, que fue tan importante para el traslado de lo producido en toda la zona norte. Sin ir más lejos, el granito de las canteras de Las Peñas no estaría en el Monumento a la Bandera de Rosario sin el tren. Sal, combustible, leña, cal y los mejores ajos del país salían de acá, pero bueno... caímos en desgracia cuando se levantaron las vías en el ’77 y nuestra vida nunca volvió a ser igual. Ahora andan estos jóvenes investigando viejos tiempos y juntando cosas para los museos y está muy bien porque así parece que existimos, ¿no?”.

–¿Es cierto que los ferroviarios nunca dejan de serlo?

Don Luis suspira y contesta: “¿Sabe qué pasa? Si uno sueña que es ferroviario, lo es... Todavía hoy me despierto a la noche todo transpirado porque creo que no llego a tiempo para dar vía libre al tren. Cada uno anda con su fantasma que lo persigue cuando duerme, y para los ferroviarios el fantasma se llama descarrilamiento”.

“Acá estaba el galpón del ferrocarril, indica Alfredo Bernavey. Una noche, nadie sabe quiénes, vinieron con un camión y se lo llevaron completo. Quedó este vacío”, dice con los brazos abiertos como para mostrar lo evidente. “¡Ese galpón era histórico para Córdoba porque allí comenzó a cantar de chico ‘la Mona’ Jiménez!”.

“Este Ferrocarril Central Norte Argentino fue construido ‘por administración’, es decir por el Estado nacional sin concesionarios ni mercerizaciones”, explica Carlos Ferreyra, historiador y director del Museo Histórico Municipal La Para.

Ferreyra es impulsor de varios de los museos y de un itinerario que conecte las viejas estaciones resignificadas. Relata que los integrantes de Apha (Amigos del Patrimonio Histórico Ansenuza-Suquía-Xanaes) reunieron en un proyecto de ley los fundamentos, objetivos y potencialidades para dar curso a un Itinerario Cultural Ferroviario, que fue presentado por el legislador Pedro Schiavoni y que fue aprobado como ley provincial 10.056. El itinerario recorre 440 kilómetros que comparten cinco departamentos provinciales (San Justo, Río Primero, Totoral, Ischilín y Colón) y permite acceder a historias, hitos arquitectónicos y culturales, para detenerse en cada pueblo, visitar cada museo (casi todos ellos ubicados en las antiguas estaciones de trenes) y disfrutar de un recorrido diverso pero con una trama que los une: las vías del viejo y ausente Sol y Tierra.

Proyecto en marcha. A muy pocos kilómetros de la estación de Macha (después del balneario municipal El Dique, cercano al terraplén y túnel de bóveda del ferrocarril), en la estación de Las Peñas, fueron Sergio Dell Orsi y Carlos Carmona, del Grupo de Amigos de la Cultura del Museo Gunisacate, los encargados de guiarnos por las salas de este espacio. “Aquí hay un taller abierto de cerámica y muy cerca armamos la biblioteca y el museo polifacético, explica Dell Orsi, que aportó sus propias colecciones para este museo, nacido en 2008 gracias a un decreto municipal.

“Estamos en formación, pero ya tenemos muchos visitantes que se sienten estimulados al visitar nuestro museo y nos legan colecciones muy valiosas, como la del artista plástico Gwili Roberts. También tenemos vestidos y objetos de Ginnamaría Hidalgo, ligada afectivamente a Las Peñas, y piezas arqueológicas de diferentes culturas como sanavirona, comechingona, huarpe, tonocote. También hay elementos fósiles, como esta cola de gliptodonte, que resulta algo bastante impresionante por específica”.

En el libro de visitas alcanzamos a leer: “¡Los felicito!... tengo 18 años y es la primera vez que visito un museo”, con la firma de Yohana Muñoz.

En Cañada de Luque, otro museo habilitado en la vieja estación hace gala de una puesta en valor mayúscula. El intendente municipal, Víctor Molina, hace de anfitrión: “Quisimos recuperar la estación pero no sólo en su reciclaje edilicio sino para vivirla como centro cultural, biblioteca y museo, recuperando así parte de nuestra identidad y pertenencia. También construimos un fragmento de vías ferroviarias dentro del conjunto de lo que llamamos la Explanada de la Memoria. Es muy importante ver la potencialidad de este itinerario cultural que suma a todos los que estamos en la ruta 17 uniendo el Camino Real con Ansenuza”.

En el Museo Histórico Municipal Villa Santa Rosa, nos recibe Enzo Toneatti, su encargado. “El museo cuenta con un total de 330 piezas en su inventario permanente, entre las que se destacan una Break tracción a sangre del año 1900, traída desde Francia y donada por al familia Mangiarotti. Otra pieza importante es la usina que perteneció a la antigua fábrica de fideos Santa Rosa. Debió dar energía a dos bancos de la localidad cuando en 1972 se incendió la usina cooperativa. Entre las familias que más piezas donaron al museo encontramos a los Navarro, dueños de la más antigua farmacia local, cuyas herederas donaron al museo una gran cantidad de piezas de la antigua botica. También está la colección Amado Falccini y Eduardo Rufail, ‘el turco Rufa’, como se lo conoce en nuestro pueblo, que donó una serie de objetos que ha ido coleccionando a lo largo de su vida. Entre ellos, hay sillas esterilladas, cajas registradoras, bancos de trabajo y artesanías de habitantes originarios”, nos explica.

El objetivo de este rescate histórico va más allá de lo edilicio o material. “Había que actuar de inmediato para no seguir profundizando los contenidos erróneos que transmiten los manuales escolares no actualizados, tan llenos de mensajes que desvalorizan a las sociedades aborígenes que poblaban las llanuras fluviales cercanas a la mar Chiquita”, enfatiza Marta Bonofligio, historiadora y pionera en trabajos de arqueología de campo. Marta integra como voluntaria el proyecto “Nuestros remotos antepasados ribereños”, aplicado por las maestras y el Museo Municipal de La Para, pionero cómo ámbito de cultura a la vera de los rieles.

Carlos Ferreyra, director de ese museo desde 1999, concluye: “Este es un museo histórico con un perfil básicamente educativo, pero también turístico y científico, cuyo guion es la historia social y económica de La Para y su región. Desde los orígenes, y ahora que está ubicado en la vieja estación de ferrocarril, trabajamos ‘a demanda’, es decir respondiendo a las necesidades que las distintas instituciones plantean”.

Cuando fue desmantelado, el ferrocarril se llevó con él la prosperidad y parte de la historia de muchos pueblos del interior. Nadie dijo que eso deba ser así para siempre.

*Fuente: La Voz del Interior: http://www.lavoz.com.ar/suplementos/temas/viejo-ausente-sol-tierra