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CUMPLIR LA CUARENTENA EN PUEBLOS CHICOS

Martes 05 de mayo de 2020

Al contrario de lo que podría suponerse, la mayoría de los habitantes de los más pequeños pueblos cordobeses vienen cumpliendo con el aislamiento social obligatorio al pie de la letra. No se los ve relajados, en relación con las grandes ciudades. El temor al contagio también los inunda.

En el norte provincial, esto ocurre aunque toda esa amplia región no tenga hasta ahora ningún caso confirmado de Covid-19.

Tienen a favor la cercanía con sus autoridades comunales, que vienen siendo el engranaje indispensable para afrontar esta cuarentena. Pero en contra les juega que muchos de esos pueblos no cuentan con servicios esenciales y sus vecinos deben trasladarse hasta otras localidades para acceder a un banco o a una farmacia, por ejemplo.

Una situación reiterada se dio con quienes accedieron al ingreso federal de emergencia (IFE), de 10 mil pesos, o a la canasta alimentaria provincial, sin tener dónde gastarlos dentro de su pueblo.

Víctor Molina, intendente de Cañada de Luque, nos cuenta otros inconvenientes para hacer cumplir el aislamiento: “Tenemos dificultades con el transporte y con el personal policial, que en nuestros pueblos suele ser escaso. Nuestra sugerencia es que el Banco de Córdoba envíe los cajeros móviles que utiliza en verano en las Sierras y que ponga días fijos, juntando tres o cuatro localidades pequeñas, para que la gente no tenga que hacer viajes”.

Sobre la ruta 60, en la comuna de Los Pozos, aseguran que se está complicando el aprovisionamiento de alimentos y de remedios. “Paso casa por casa y voy viendo qué necesitan los vecinos mientras hago una lista para ir a comprar a Deán Funes porque estamos aislados y casi no hay tránsito hacia el pueblo”, cuenta su jefe comunal, Claudio Tripiana.

La mayoría coincide en que en esas poblaciones se está mejor que en las grandes urbes. Sin edificios, la mayoría tiene patio y vereda para dar mejor pelea a la cuarentena. “Tratamos de que el vecino use la razón y entienda que tiene que quedarse en casa en lugar de hacérselo entender por la fuerza”, concluye Molina.

El gran intermediario

En general, en los pueblos más pequeños  no parece haber enojo con sus autoridades comunales, a pesar de las restricciones. Son quienes están afrontando la intermediación ante las necesidades por la emergencia.

En Pozo Nuevo, la localidad más extrema del norte provincial, la jefa comunal Gladys Espíndola expone: “Nos encargamos de repartir a domicilio los módulos del Paicor y los bolsones de Pami. Recorremos la zona para saber las necesidades de la gente. Vía WhatsApp nos pasamos datos, fotos, recetas, para que ninguno se quede sin auxilio. La comuna hace de medio de transporte: llevamos de a tres o de a cuatro con su cubreboca y manteniendo el distanciamiento en la traffic hasta el pueblo más cercano por servicios”.

En Capilla de Sitón, el jefe comunal Mario Centurión cuenta que productores de la zona donaron animales que faenaron y distribuyeron entre los vecinos más vulnerables. Él mismo donó 15 mil pesos de su sueldo (que es de 50 mil) para comprar alimentos. “Yo sé lo que es estar ahí, en la pobreza. Hay gente en el pueblo que no tiene para comer. Por eso, los fines de semana llevamos raciones de fideos, de albóndigas y de arroz a 52 abuelos que la están pasando mal”, resume.